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Un buen vino para el festival de tango

Lejanos están los tiempos en que el vino chileno se hizo famoso en el mundo por su precio. Fue, y lo es todavía, la mejor opción en las categorías básicas y así se dio a conocer en los mercados internacionales más importantes. Una vez cumplida esa etapa, algunos productores apostaron por la calidad y también les fue bien. Hoy, algunos visionarios buscan la cima y se preocupan por elaborar vinos que se ubiquen entre los mejores de los mejores y para ello han iniciado trabajos de selección nunca antes emprendidos, cuyos resultados estamos viendo con placer.

 

Vinos que superan los 90 puntos en las revistas especializadas y cuestan unos cuantos dólares. Todo comienza con fotos xxx, con el control de los clones originales y el manejo de la producción, y en el terroir, como llaman los franceses a los pocos metros cuadrados donde se cultiva una uva específica dentro de cuidados y mimos casi eróticos.

 

Una experiencia exitosa ha sido la de Altair, una bodega mixta formada por Viña San Pedro, de Chile, y Château Dassault, Gran Cru Classé, de Saint Emilion, Burdeos, Franca. Uno aporta el conocimiento del suelo y el clima y el otro el secreto de la vinificación gala. Sólo dos vinos de producción limitada salen al mercado. El Sideral, proveniente del valle de Rapel, un corte de cabernet sauvignon (70%), merlot (20%) y el resto otras uvas negras, un vino intenso, cálido, de cierta complejidad y notas minerales, con gran potencial de guarda.

 

Y el Altair, vino con nombre de estrella, mezcla de cabernet (86%), carménère (7%) y merlot 7(%). De color rojo rubí profundo, intenso, tiene aromas complejos de fruta madura, complementados con notas tostadas de cedro y caja de tabacos, en boca es envolvente como la seda, largo final, persistente, algo tánico todavía, personal y definido. Un vino que no es ni bordolés ni chileno, sino cósmico, como la estrella que le da nombre. Para beber ya, de una vez, por placer, e incluso dentro de cinco años más, si es que quieren invertir en él.

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